LA ORACIÓN (SALAT)

“Ayer aprendiste cómo lavarte antes de hacerla oración", le dijo a Layla su madre. Hoy te enseñaré ¿cómo se hace la oración. Pero antes de empezar, muéstrame cómo nos lavamos.”Te acuerdas aún".

"Por supuesto que sí”, dijo Layla, y empezó a demostrárselo a su madre.

Su madre se quedó muy contenta, “Muy bien”, le dijo, lo has aprendido muy pronto.

Layla se puso muy feliz al oír los elogios de su madre. La madre entonces pasó a la explicación. “El Profeta Muhammad dijo que debemos hacer rectas las filas cuando rezamos juntos, o si no se crearía confusión. Nos ponemos de forma que quedemos mirando en dirección a Makka”.

“¿Por qué tenemos que hacerlo así?”, preguntó Layla.

“Porque la Kaba está en Makka”, respondió la madre. “Tu sabes que la Kaba es la casa de oración más antigua que tiene Dios. Dios nos ha dicho a través de Muhammad que debemos ponernos en dirección a Ia Kaba cuando rezamos. Esta es nuestra Qibla, es decir, la dirección en la que hacemos la oración. Ahí es donde se encuentran todos los buenos pensamientos de los musulmanes cuando rezan juntos. Esto es mejor que si cada musulmán mirase en una dirección distinta cuando reza, ¿no es verdad?.

“Claro que sí”, dijo Layla, "pero dime más cosas. Quiero saber cómo se hace”.

“Bueno, no tengas mucha prisa", dijo la madre. “Tienes que prestar mucha atención para luego poder recordarlo. Una vez que estemos de pie mirando hacia Makka, debemos mantenernos callados y concentrarnos. En nuestros pensamientos nos preparamos para rezar y le pedimos a Dios que nos ayude a rezar correctamente. Luego levantamos las manos hasta las orejas y decimos: Al’ahu akbar”.

“Eso quiere decir, Dios es el Supremo”, interrumpió rápidamente Layla. “Eso lo sé ya”.

La madre asintió con la cabeza y dijo. “Ahora ponemos la mano derecha sobre la izquierda y recitamos el Surah AL Fatiha”.

“Ya lo he aprendido, ¿puedo recitarlo?, preguntó Layla con entusiasmo.

“Sí”, dijo la madre, “pero recuerda que debes ponerte mirando la Qibla y recitarlo correctamente”.

Layla levantó las manos y dijo. “Al'ahu akbar”. Después las bajó y puso la derecha sobre la izquierda y empezó a recitar el Surah Al Fatiha:

“Bismillahi Rahmani Rahim.

Alhamdu li llahi rabbi al alamin. Ar rahmani rahim. Malikyaumi din.

iyaka na'budu wa iyaka nasta'in.

ihdina sirata aI mustaqim. Sirata aladhina an'amta alaihim ghairi al maghclubi alaihim wa la dalin. Amin”.

“¡Eso está muy bien!”, le dijo su madre. Layla estaba muy contenta. Estaba muy entusiasmada con aprender la oración y lo pasaba muy bien porque ya sabía una parte.

“¿Qué viene después?”, quiso saber Layla.

“Quédate cómo estás”, dijo la madre, “y di otro surah corto. Ya sabes lo que es un surah, ¿no? Es una parte del Corán, y el Corán es el libro que Dios reveló al Profeta Muhammad. ¿Conoces algún surah corto?.

“Sí”, dijo Layla, “El Surah Al Ijlás:

“Qul huwa llahu ahad. Allahu samad.

Lam yalid wa lam yulad, wa lam yalkun-lahu kufuwan ahad".

“Eso ha estado muy bien”, dijo la madre. “Ya sabes recitar dos suras de memoria”.

“Y conozco otro”, saltó Layla, “Inna ataina”.

Su madre sonrió y dijo: “¡Espera! ¡No tan deprisa! Ese puedes recitarlo después”. La madre pasó entonces a explicar cómo el Profeta Muhammad había dicho que después de recitar el Surah Al Fatiha, debíamos recitar otro surah corto.

Después debíamos inclinarnos hacia adelante y repetir tres veces; Subhana rabi al adhim.

“¿Eso quiere decir?”, preguntó Layla.

“Eso quiere decir. Gloria a mi Señor, el Magnífico”, le respondió su madre.

“Eso significa que mi más grande Señor es Dios”, dijo Layla y se inclinó hacia adelante diciendo tres veces: “Subhana rabbi al adhim”.

La madre continuó: “Entonces nos ponemos otra vez en pie y decimos: Sami’a llahu liman hamida. Rabbana wa lakal hamd. Esto significa: Dios escucha a los que le alaban. Oh Señor nuestro, a Ti te alabamos”.

Layla repitió las palabras, " Sami’a llahu liman hamida. Rabbana wa lakal hamd.”.

Después decimos: “Allahu akbar y nos arrodillamos”.

Layla miraba atentamente a su madre mientras ella le explicaba las oraciones y prestaba mucha atención a todo lo que decía y hacía.

“Ahora ponemos la frente en el suelo y decimos tres veces: “Subhana rabbial ala”, le dijo a Layla su madre.

Layla imitó a su madre y repitió: “Subharía rabbi al ala”, tres veces.

“Después decimos: “Allahu akbar”, y nos sentamos.

Luego decimos: “Allahu akbar”, y nos volvemos a arrodillar poniendo la frente en el suelo.

Mientras estamos con la frente tocando en el suelo, decimos tres veces: 'Subhana rabbi al a 'Ia'.

Finalmente, nos volvemos a poner en pie y al hacerlo decimos: “Allahu akbar”.

“Pero aún no me has dicho lo que significa “Subharía rabbi al ala”. Dijo Layla.

“Eso quiere decir: Gloria a mi Señor, el Sublime” contestó su madre. La madre se puso entonces muy contenta porque se dio cuenta de que Layla había estado prestando mucha atención.

“Bien hecho", elogió la madre, “lo has aprendido de maravilla. Lo volveremos a practicar más veces hasta que lo sepas de memoria, pero por hoy, ya hemos hecho bastante. Has estado muy atenta y has trabajado mucho, y estoy muy orgullosa de tí. Mañana aprenderemos más, y pronto serás capaz de rezar como una persona mayor”.

Layla también estaba encantada de haberlo hecho todo correctamente. Antes de irse a la cama, intentó memorizar las palabras de la oración: Subhana rabbi al adhim, que quiere decir: Gloria a mi Señor, el Magnífico; Sami’allahu liman hamida que quiere decir. Dios escucha a los que Le alaban; y Subhana rabbi al ala, que quiere decir: Gloria a mi Señor, el Sublime.

Pero Layla había estado aprendiendo mucho ese día y estaba cansada. Pronto se quedó profundamente dormida.

La oración (Segunda parte)

Al día siguiente, la madre le dijo a Layla que había llegado el momento de que aprendiera la segunda parte de la oración. “Pero antes de empezar”, dijo la madre, vamos a repasar lo que ya has aprendido”.

Layla se puso de pie y dijo: “Primero, tengo que estar de pie mirando a Makka, que es la Qibla".

“Muy bien”, dijo la madre, “pero, ¿no te has olvidado de algo? o ¿ya te has lavado?.

“¡Anda!”, exclamó, “¡se me ha olvidado!”.

Layla se fue corriendo al cuarto de baño y se lavó como le había enseñado su madre. Empezó por las manos luego la boca, la nariz, la cara, los brazos, el derecho primero, y luego el izquierdo, y después se pasó las manos mojadas sobre el pelo. Acabado esto, se lavó los pies, el derecho y el izquierdo, hasta los tobillos. Mientras lo hacía, pensaba: “Casi me había olvidado de lavarme antes de rezar, aún sabiendo lo importante que es. Hay que estar limpios antes de la oración. No debo olvidarlo nunca más”.

Después, volvió de prisa a donde estaba su madre y se puso de pie junto a ella en la alfombrilla de oración. Layla concentró sus pensamientos en la intención de hacer su oración y se puso mirando la Qibla. Levantó las dos manos hasta las orejas y dijo: "Al'ahu akbar”. Luego puso las manos sobre el pecho, la derecha sobre la izquierda, y empezó su oración con el Sura Al Fatiha y el corto Sura Al Ijlás. Después dijo: “Al'ahu akbar”, al tiempo que se inclinaba hacia adelante,

Ponía las manos en las rodillas y repetía tres veces: “Subharía rabbi al adhim”. Después dijo, mientras se volvía a poner derecha: "Sami'a llahu liman hamida. Rabbana wa laka al hamd”, y mientras se arrodillaba, dijo: “Allahu akbar”. Luego, puso la frente en el suelo, repitiendo tres veces: "Subhana rabbi al ala”. Después de eso, dijo: “Allahu akbar”, y se sentó en el suelo. Luego, volvió a arrodillarse con la frente en el suelo y dijo tres veces: "Subhana rabbi al ala”.

A veces, Layla se atascaba y lo hacía mal, y entonces su madre le ayudaba, y al final todo salió bien.

“Ahora acabas de hacer el primer rakaa”, dijo su madre.
“Para continuar con el segundo rakaa, repites el Surah AlFatiha”.
“¿Y luego el Surah Al ljlás?” respondió Layla.

“Sería mejor que recitases otro, ya que lo sabes”, sugirió su madre.

Entonces, Layla recitó el Surah Al Kauzar:
Inna 'atainaka al kauzar. Fasalli li rabbika wa nhar. Inna shani'aka huwa alabtar.

“¿Sigo ahora como con el primer rakaa?", preguntó Layla. “Si”, dijo la madre, “Ahora nos inclinamos hacia adelante y decimos:
“Subhana rabbi al adhim”.

Layla se inclinó hacia adelante y luego se volvió a poner derecha. Luego, cuando estaba arrodillada, dijo. "Subhana rabbi al ala”, y al volver a arrodillarse, dijo: “Subhana rabbi al ala“.

“¡Ya he terminado el segundo rakaa!”, exclamó muy complacida.

“¡Así es!”, dijo la madre, también muy complacida.

“¡Has terminado el segundo rakaa! Recuerda que la oración de la mañana tiene sólo dos rakas. Para terminarla decimos unas pocas palabras, mientras estamos sentados en los talones”.

Layla se sentó en los talones con su madre:

“Ashhadu an la ilaha i'la lah, wa ashhadu anna Muhammadan 'abduhu wa rasuluh”.

Eso significa: Atestiguo que no hay más divinidad excepto Dios y atestiguo que Muhammad es Su siervo y enviado.

Te queda aún una cosa, le dijo a Layla su Madre. Pero no te preocupes, porque lo puedes decir conmigo cuando recemos juntas. La Madre sonrió. No te tomará mucho tiempo aprenderlo de memoria. Es así: “Al'ahurnma Sal'ii 'ala Muhammad wa 'ala ali Muhammad. Significa: Oh Allah, bendice a Muhammad y a los seguidores de Muhammad”.

Layla entonces imitó a su Madre, y giró la cabeza a la derecha y luego a la izquierda, diciendo cada vez: “As salamu alaikurn wa rahmatullah”.

Con esto, deseamos la paz y las bendiciones de Dios a todos, explicó la Madre. Luego llevó a Layla en brazos y la abrazó, y dijo: Estoy muy orgullosa de ti porque ya sabes rezar. Desde hoy en adelante la haremos juntas todos los días. Pronto le vamos a dar una sorpresa a tu padre y verá que su hija es una musulmana buena e inteligente.

¡Sí!, dijo Layla, pero antes tendré que aprender el último trozo, para que pueda recordarlo y no olvidarlo nunca.

Asegúrate de que sabes también el significado de lo que estás aprendiendo-, dijo la Madre. Aunque recemos en árabe como el resto de los musulmanes de todo el mundo, tenemos que saber exactamente lo que decimos cuando estarnos rezando.

Mientras le explicaba esto, acariciaba con cariño el pelo de Layla. Layla estaba muy contenta. Había conseguido aprender mucho en tres días: cómo lavarse para la oración y cómo hacer la oración. Cuando la hiciera todos los días con sus padres, lo sabría de memoria.

No le había resultado difícil porque su madre se la había explicado muy claramente, de la misma forma que el Profeta Muhammad se la había explicado a los primeros musulmanes de Makka y Medina. Aquellos musulmanes se la explicaron después a sus hijos, y así sucesivamente en cada generación. Un día Layla también se la explicaría a sus propios hijos, para que ellos llegaran a ser buenos musulmanes y supieran cómo enseñársela a sus hijos e hijas.